Antes de Votar
 

 

HABLEMOS DE POLITICA

Las sociedades crean espontáneamente estructuras organizativas del poder. Actualmente uno de los ejemplos más representativos de esta tendencia natural lo constituyen las empresas privadas, que han resultado ser la organización más eficiente y sólida, seguramente por el hecho de ser la más espontánea.

Baleares es mayoritariamente una sociedad de pequeños propietarios y empresas privadas con un sistema que recompensa el esfuerzo y el trabajo bien hecho. Un sistema económico tradicional que no es fruto de ningún modelo ni revolución, que nos ha llevado a ser una sociedad próspera.

La importancia de la propiedad y el capital privado es vital para el progreso de los pueblos. El pequeño o gran capital posibilita la creación y funcionamiento de estructuras productivas de eficacia superior a la que se puede obtener con otros tipos de organización asociativa. Estas empresas privadas que son necesarias para el progreso de las sociedades modernas, como la balear, ahora irremisiblemente inmersas en la economía mundial de libre mercado, con las ventajas y riesgos que comporta.

Se ha comprobado que cualquier intento de modular en exceso o sustituir estas estructuras productivas privadas por otras teóricamente más justas se traduce en una disminución drástica de la eficacia económica y productiva de las sociedades, o el colapso social y económico a largo plazo (sistemas socialistas anticapitalistas).

En épocas pasadas, como en la revolución industrial, la existencia de sistemas puramente capitalistas, aunque extremadamente eficientes en el aspecto económico, han conducido sin embargo a consecuencias indeseables como una gran desprotección de los sectores sociales más débiles o finalmente una gran inestabilidad social –actualmente se reproduce este fenómeno debido a la dependencia del capital que tienen muchos gobiernos.

Modernamente Occidente ha optado por una solución aparentemente intermedia que es la socialdemocracia –con sus sindicatos, partidos y elecciones populares-. En este nuevo sistema se introducen factores de modulación del capitalismo puro para incrementar la justicia social.

Sin embargo nuestra democracia dista aún de ser un sistema de gobierno perfecto debido a:

I.- La naturaleza viciosa de los partidos políticos: los partidos tienden a obedecer sus propios intereses en lugar de los de la sociedad y a perpetuarse en el poder a cualquier precio. En nuestra democracia una de las expresiones más evidentes de esta tendencia consiste en el desarrollo de redes de influencia en el seno de la administración pública mediante la multiplicación del número de funcionarios fidelizados y jefes de de departamento afines al partido, todos los cuales basarán su labor en hacerse "imprescindibles", convirtiendo así la administración en una estructura cada vez más costosa, parásita e ineficiente, principal causa –aunque no única- del envejecimiento de la socialdemocracia. Otras tendencias de los partidos pueden ser: legislar poco y deficientemente para mantener una alta discrecionalidad e impunidad, no esforzarse en educar al pueblo en política que así no podrá tener una opinión crítica, utilizar fondos públicos para promocionar el propio partido de forma indirecta y otras acciones u omisiones amparadas normalmente en vacíos legales más o menos intencionados.

Sin el papel estimulante y moderador del capital privado, el poder político tiene la tendencia natural y el suficiente poder para secuestrar la libre expresión de las personas, modificando las sociedades hasta la práctica desaparición del tejido socioeconómico tradicional. Y de ello tenemos brillantes ejemplos como la democrática Cuba o la ex-unión soviética, perfectamente democráticos pero en la miseria.

Con los anteriores ejemplos queda demostrado que las elecciones periódicas no son suficientes para garantizar la defensa de los intereses de la sociedad. Así resulta imprescindible ligar la influencia del capital al poder político para preservar la eficacia económica del sistema y aportar un determinado tipo de justicia social que sólo el capital garantiza. Y en este sentido los partidos de ideología derivada de las revoluciones sociales del XIX y XX proceden siempre a perjudicar y después erradicar la propiedad privada y el capital como primer paso para seguir con toda libertad hacia la consecución de sus intereses más particulares y de perpetuación.

II- La dificultad para modular de forma precisa la necesaria influencia del capital privado sobre el poder político sin permitir, no obstante, que los partidos pierdan su independencia y se conviertan en puros instrumentos de determinados intereses económicos.

- Estos dos problemas (I yII) adquieren una relevancia especial a la hora de establecer el vital sistema de financiación de los partidos políticos. Es justamente para corregir la naturaleza propia de los partidos que la Ley basa su financiación mediante aportaciones privadas, dejando a la subvención estatal la función de apoyo a la independencia de los partidos (Ley 3/1987 de 2 de julio).

 

Centrándonos en el aspecto de la financiación podemos contemplar dos estilos de partido político:

a) Partidos tradicionales: la más justa financiación de estos partidos es la colaboración solidaria de empresas y también particulares de acuerdo con las posibilidades de cada uno. Al estar suficientemente financiados con aportaciones privadas, estos partidos pueden mantener su política en la mejor gestión de los intereses públicos, la gestión racional de los recursos, el bienestar de las personas y el progreso de las empresas, que son las creadoras de riqueza. Es necesaria la existencia de un pluripartidismo eficaz para que el pueblo castigue adecuadamente en las elecciones a los partidos que no defienden de forma justa los intereses generales de la sociedad, o los partidos que puedan perder su independencia y convertirse en instrumento de determinados intereses económicos que así se benefician de los privilegios que el poder público les otorga discrecionalmente, no siempre en beneficio de la sociedad.

Clau refuerza el necesario pluripartidismo en la sociedad balear.

b) Partidos de ideología hija de la reacción social: hostiles al capital privado clásico y obedeciendo a su natural afán de perpetuación en el poder, desarrollan los mecanismos más "ingeniosos" para la obtención de financiación, poder y apoyo popular. De entre los innumerables recursos empleados –ambiciosísimos proyectos, ideologías fantásticas- destaca por viejo e ingenioso el intento de creación de estados generales de psicosis de cualquier tipo, sea miedo, escasez, amenaza, catastrofismo… de los cuales ellos se presentarán convenientemente como "salvadores" con una retórica ridícula y más o menos ininteligible que finalmente les habrá de conducir a la perpetuación en el poder. En este sentido pueden emprender campañas publicitarias que se refuerzan convenientemente mediante trabas burocráticas e ineficacia administrativa para evitar la mejora práctica de los servicios y así retroalimentar convenientemente los hipotéticos estados de psicosis. Cabe destacar que, al igual que las sectas religiosas, este tipo de partidos suelen basar su acción en la inculcación de imaginarios catastrofismos o de falsas esperanzas a los sectores sociales más sensibles a fin de sacar réditos electorales.

No menos destacables resultan los partidos que utilizan como reclamo electoral la excitación encubierta de los sentimientos más bajos de las personas, que astutamente combinarán con gestos de "modélica caballerosidad" dirigidos a validar su línea política.

Después de todo lo expuesto anteriormente cabe decir que antes de votar resulta prudente reflexionar sobre la naturaleza de las distintas opciones políticas y las acciones que pueden derivarse de su acción de gobierno.

Aparte de todo lo expuesto anteriormente, cabe destacar que para obtener financiación extra destinada a los exagerados costes de campaña electoral u otros, los partidos en el poder pueden recurrir actualmente a toda una serie de procedimientos alegales, algunas veces muy costosos para la sociedad. Resulta curioso como después de más de 20 años de democracia en España, el poder político aún no ha dedicado un esfuerzo serio para eliminar estas posibilidades. Es necesario conscienciar las ciudadanas y ciudadanos sobre la importancia de la financiación de los partidos políticos para abrir un debate profundo que motive los gobiernos a mejorar la legislación.

 
 
 

 

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